jueves, 3 de septiembre de 2009

La palabra como medicina


Hace unos días leía en el periódico "El país" que aparecía esta noticia:
Miles de ciudadanos se han sumado a una campaña para que el Gobierno británico ofrezca una disculpa oficial al matemático Alan Turing (1912-1954), que descifró los códigos de las transmisiones nazis durante la Segunda Guerra Mundial, y que se suicidó tras ser condenado por homosexual.
Creo que este tipo de gestos son imprescindibles para que la humanidad logre su plenitud, abandonando la violencia, la discriminación y los sentimientos no fraternos.

La Iglesia católica ha pedido perdón innumerables veces por las actuaciones de la Inquisición: en 1982 Juan Pablo II se refirió a los "errores de exceso" y en varias ocasiones ha condenado el uso de "la intolerancia y hasta la violencia en el servicio de la verdad" de los inquisidores.", no obstante ¿quien limpia el recuerdo de aquellas mujeres que fueron condenadas por brujas?

Brujas sigue siendo una palabra insultante al día de hoy. Pero, ¿quienes eran las brujas?

Algunas como María Solinha eran mujeres que tenían propiedades o beneficios que otros deseaban, y como durante el nazismo en Alemania, o en cualquier situación dictatorial... bastaba con acusarlas de brujeria (el equivalente a lo que en otras épocas a sido el ser judío, homosexualidad o de una ideología política determinada) para poder condenarlas y apropiarse de lo suyo con absoluta impunidad.

Otras eran mujeres sabías (pero en muchos casos analfabetas), herederas de una larga tradición no escrita, del uso de las plantas. Pero debido al carácter animista con que en las culturas más antiguas se acompaña este conocimiento, dado que aquellas gente sí valoraba el poder sanador de las palabras, hacia que fueran vistas como el enemigo de la religión "verdadera".

Pero el poder verdadero poder de las brujas, uno del que seguro que ni siquiera ellas mismas eran conscientes, era el uso de la palabra... palabras que daban animo, palabras que consolaban y palabras que han mantenido hasta el día de hoy, la memoria viva que nos une con el pasado.

¿No me creen? ¿no creen que las palabras curan?... leen atentamente
"Si no asistes a las reuniones de Alcohólicos Anónimos no preguntes por qué recaes". La advertencia recibe al visitante en la sede vallisoletana de esta organización de lucha contra la ebriedad. El aviso está acompañado de los horarios de esas mismas citas. «Es que nuestra medicina son esas reuniones», advierte José María, uno de los integrantes de la organización en Valladolid.
Alcohólicos Anónimos celebra estos días sus 71 años de vida en el mundo. Establecieron el 10 de junio de 1935 como la fecha en la que dos enfermos estadounidenses, Bill W. (un agente de bolsa) y Bob S. (médico) descubrieron algo tan sencillo como que compartir y hablar sobre su miseria y su dependencia les ayudaba a dominarla. Descubrieron también que solo un alcohólico puede comprender la soledad y el desamparo de otro, y que no basta con tapar la botella para alejar la enfermedad. Su ley podría escribirse así: ayuda a un tercero para ayudarte a ti mismo. Por eso, todas sus reuniones empiezan con esa frase, tan cinematográfica y tópica como real: 'Me llamo X... y soy alcohólico'. 'Hola, X', suelen contestar los contertulios.
Leido en www.nortecastilla.es

2 comentarios:

Cris Purrusalda dijo...

Impresionante!!! no dejáis de sorprenderme, veo los avances del blog con mucha ilusión y cargados de energía y buenas reflexiones.
Me ha hecho pararme a pensar en mi misma y en mis emociones, muchas gracias.
besos y adelante con fuerza e ilusión.
Os quiero

Meninheira dijo...

Ay María Soliña! me encanta oírsela cantar a Amancio Prada!

A veces no es la palabra la que cura, basta la voz, como el shhhhh shhhhh o el ea ea para dormir a los niños.

Besitos y suerte en vuestra andadura, desgraciadamente no podré seguir el blog, me faltan vidas XDDDDDDDDDDD